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miércoles, 31 de agosto de 2016

Contenido, Forma y Estrategia

Una obra artística puede ser interpretada desde muchos puntos de vista. Entenderla mejor será, al mismo tiempo, disfrutarla más, pues el goce estético encontrará mejor sustento. Lo que llamamos goce estético puede ser algo casi inexplicable, puesto que suele implicar muchos niveles de comunión en el cuadrángulo creador-espectador-obra-contexto. Pero mirémoslo, por lo pronto, de manera más sencilla. El caso es poder sentir, entender, decir algo más que el simple, "gusta" o "no gusta".

Recordemos que interpretar un objeto artístico permite, cuando menos, tres posibles abordajes: contenido, forma y estrategia.

1) Entender su contenido, es decir, lo que intenta decirnos, contarnos, cuestionarnos o aquello sobre lo que intenta hacernos reflexionar.

Este modo de acceso a la obra artística es pertinente toda vez que la pieza implique una afirmación o implique una narrativa, es decir, que intente contarnos una historia ya sea simple o compleja. Casi cualquier imagen que presente una escena, ya sea naturalista o estilizada, realista o fantástica, nos cuenta ya una historia. Por eso, es el modo más común que tenemos para entrar en una obra.

Toda narrativa tiene un punto de vista, más o menos neutral, más o menos parcial. Por eso, en toda afirmación o narración se emite un juicio. La obra de contenido implica una puesta en juego de valores de todo tipo, desde estéticos hasta morales. Identificar los juicios y opiniones que subyacen a una obra puede ser revelador. ¿Qué intenta probarnos? ¿De qué nos quiere convencer? ¿En qué intenta poner a prueba nuestras propias opiniones? ¿Intenta y logra conmovernos sobre algún aspecto de la vida?

Otto Dix, La guerra


A este respecto es posible asumir actitudes diversas frente a la obra:

- reconocer, a través de las figuras, la afirmación que intenta hacer la obra.
- reconocer el problema al que, en su contexto, responde esa afirmación.
- valorar la pertinencia de tal afirmación frente al contexto histórico de su creación y también ante nosotros en su efecto artístico actual.

Todo esto, que suena un poco frío, puede hacerse de manera nada fría si lo entendemos abarcando también lo emocional. ¿Qué nos hace sentir lo que afirma? ¿Cómo nos identificamos con el problema que plantea? ¿Cómo nos mueve interiormente? ¿Nos alegra? ¿Nos indigna? ¿Nos enorgullece? ¿De qué modo nos conmueve?



Julio Castellanos, La cirugía casera, 1934


 2) Distinguir la forma en que está hecha, es decir, el estilo del artista, las deformaciones, los juegos de la composición, del color, de los elementos plásticos.

En muchas ocasiones, analizar la forma es entrar en la obra como quien mira la radiografía de un cuerpo humano. Los elementos de la forma por separado no nos dan de manera inmediata la comprensión de la obra, pero pueden acercarnos a ella, pueden permitirnos un segundo acercamiento de mayor alcance. Alguien diría quizá que es como una disección en la que la pureza del goce estético se ve contaminada. No estaría yo de acuerdo. Hay un goce en la misma comprensión del andamiaje formal. El arte moderno ha llevado esto hasta su consecuencia mayor en tanto que ha producido obras cuyo contenido es estrictamente el juego de las formas abstractas, reduciendo al mínimo los elementos narrativos e incluso suprimiéndolos por completo.

Los juegos formales en la plástica pueden configurarse a partir de la presencia más o menos evidente y dominante de los elementos básicos de la forma: punto, línea, plano, volumen, color, textura, etc; de criterios de organización: dirección, orientación, ubicación, proporción o deformación, de criterios de combinación: yuxtaposición, superposición, adición, sustracción, etc. Todos estos elementos puestos en función de un efecto visual particular: dinamismo, peso, densidad, ligereza, en fin, cualquier otro, abren un universo y un lenguaje poético de posibilidades infinitas y no se trata ahora de hacer un listado interminable.


Vasily Kandinsky


No obstante, claro está, no podemos imponer el análisis de la forma como elemento forzoso para la interpretación. En algunos casos esto sería absurdo.  En esto radica una buena parte de las decepciones de los estudiantes de arte frente a obras que rechazan todo análisis formal o cuyo análisis formal es irrelevante y, en cambio, sugieren otras formas de acercamiento o de análisis. De ahí que considero necesario mostrar el punto tercero, que sería una condición previa al análisis. Antes de analizar deberíamos identificar lo que cada obra "pide". Le he llamado simplemente estrategia, dando por entendido que se trata de una estrategia comunicativa o expresiva elegida por el artista entre una gama infinitamente variada de posibilidades.


3) Así, es necesario (a veces está dado de manera obvia, pero no siempre) identificar la estrategia que el artista plantea, es decir, el modo en que ha decidido comunicarse con nosotros: el medio, el contexto, los antecedentes que considera, y todo aquello que condicione la circunstancia de su interpretación.

Sólo para dejar en claro a qué me refiero, mencionaré los ejemplos más conocidos de estrategias elegidas por el artista para su expresión:

a) Estrategias visuales

Cuando las Artes Plásticas toman como estrategia de expresión la imitación de la apariencia de los objetos del mundo visible, podemos decir que se trata de un arte mimético, un arte que recurre a la mímesis

Mímesis significa imitación. Yo prefiero la pronunciación esdrújula, pero las dos formas de escritura son aceptadas, mimesis o mímesis.

En la Historia de las Artes Plásticas, hay muchos momentos en los que la imitación más perfecta de la realidad visible ha sido uno de los criterios para valorar la calidad de una obra. Hay ejemplo de ello en relatos sobre los pintores de la antigüedad. También en el énfasis que los pintores del Renacimiento europeo ponían en el despliegue de recursos para imitar mejor el mundo visible. Todavía hoy, muchas personas tienen la expectativa de que un dibujo, para estar bien hecho, debe buscar imitar de un modo convincente la apariencia dada por las proporciones, las luces, las sombras y los colores.




 

La figuración estilizada 

El mundo visible puede ser interpretado de muchos modos. Interpretar es comprender las cosas desde nuestra propia perspectiva y esto no siempre se consigue mediante una copia fiel.

La imagen figurativa en el arte incluye algún grado de imitación, pero este grado es variable. Así, podemos encontrar que hay obras figurativas muy realistas y otras obras menos realistas.

Cuando la intención del artista es sorprendernos por el parecido que una obra tiene con la realidad visible hablamos de realismo (incluso de hiperrealismo).


Cuando la intención del artista es modificar de algún modo la apariencia real de la realidad representada, ya sea idealizańdola o exagerándola, hablamos de formas de estilización.

Así, hay obras hiperrealistas, realistas, estilizadas o muy estilizadas. Pero todas estas son figurativas en tanto que conservan los suficientes rasgos para identificar similitudes con el objeto que representan. Lo figurativo es lo opuesto a la abstracción.
Esto no significa que la estrategia de la obra figurativa sea únicamente la de informar a través del reconocimiento de las figuras sobre un contenido. 
La estrategia de la obra figurativa se coloca en un plano intermedio entre el juego formal y el contenido.  



La abstracción es la estrategia inversa. No es importante el parecido con la realidad, sino que, precisamente, renunciando a la apariencia de las cosas para quedarse con las posibilidades de hacer "juegos de formas" es como cobran sentido las obras abstractas. De ahí que sea absurdo querer apreciar una obra abstracta queriendo reconocer en ella figuras de objetos reales como si jugáramos a mirar formas en las nubes. Esto sería no reconocer la estrategia expresiva que ha elegido el autor. En la mayoría de los casos las obras abstractas buscan experimentar con posibles combinaciones de los elementos puros de la forma: líneas, puntos, planos, rectas, curvas, direcciones, colores. El arte moderno, como ya hemos mencionado, hizo uso de estas posibilidades, pero ya antes, en muchas piezas decorativas existían juegos de formas que por sí mismos tenían pleno sentido estético. El arte moderno, por ejemplo, intentó hacer de la pintura y la escultura un despliegue similar al de la música que, a través de los sonidos y sus múltiples variables componen armonías. La obra de Kandinsky es el ejemplo más conocido de esta búsqueda.

Así, para comprender el arte abstracto necesitamos cambiarnos el interruptor para entrar en él con la actitud y la expectativa adecuada.  

¿Son estas dos estrategias, figuración y abstracción las únicas sugeridas para la interpretación de la obra de arte? Obviamente no. Las dos coinciden en que exigen al espectador una actitud contemplativa, es decir una observación cuidadosa y detenida, un lapso de tiempo para el análisis de sus cualidades visuales.

Hay obras que exigen un acercamiento distinto. Es posible que el "contenido" de una obra sólo tome sentido desde un acercamiento que implique una actitud adecuada.


b) La estrategia reflexiva

Hay obras que intentan movernos a reflexión y no se interesan tanto por estimular nuestros sentidos, sino nuestro intelecto. El arte conceptual es el caso, igual que la mayoría del arte contemporáneo que emplea instalaciones. Evidentemente hay siempre alguna dimensión estética en lo que vemos, pero el peso de su sentido está en estos casos en hacernos pensar.

En estos casos es un error condicionar nuestro juicio por las simples apariencias. Es necesario darnos una pausa para examinar la suma de significados que abren posibles interpretaciones y cuestionamientos.








La estrategia participativa

En estos casos, la obra consiste en invitar al espectador a tomar acción frente al algún objeto o situación. La obra sólo llega a cobrar sentido artístico en la medida en que el público responde con su acción.

Allan Kaprow, Confort zones, 1975


La estrategia de inmersión

Hay obras de participación que buscan envolver al espectador en una experiencia, sacándolo de su hábitat cotidiano, como en estas obras de Ernesto Neto. El espectador no mira la obra y ni siquiera sólo interactúa con ella, sino que se introduce en ella para ver modificada sus formas de percepción cotidianas. Sólo cediendo a la petición de la obra, ésta abre su sentido. En general se trata de una propuesta lúdica y como todos los juegos, sólo se pueden jugar satisfactoriamente si aceptamos sus reglas.






Diría que en todas las formas de intervención del espacio público hay algo similar a la inmersión, pues más que modificar objetos (aun cuando lo hagan), lo que buscan modificar es nuestra vivencia dislocando nuestra familiaridad.





La estrategia del shock

Hay obras que intentan impactarnos y su estrategia es golpear duramente nuestra sensibilidad, como hacen, por ejemplo, las fotografías de Andrés Serrano. El sentido de la obra se completa en nuestra reacción de rechazo, de asco, de alarma o de indignación, que el artista puede prever. La distingo de la actitud contemplativa porque en este caso no hay tiempo para la contemplación. El efecto es inmediato, intenso y quizá efímero.





La estrategia antropológica

Algunos analistas hablan de un arte antropológico, refiriéndose al que interviene en una determinada comunidad integrándose a ella y formando parte de la solución de problemas o de la promoción de acciones en favor de la misma, ya sea simbólicamente o en actos productivos y concretos. Estas son en cierto modo obras de participación, pero que suceden en un contexto comunitario cuyos efectos esperan dejar huella en la vida de dichas comunidades.


Francis Alÿs, Cuando la fe mueve montañas, 2002



Muchas otras se me quedan en el tintero. En general encontraremos que estas estrategias aparecen de manera mezclada dependiendo de la obra y del artista.

Obviamente no pretendo hacer de esta entrada una teoría de la interpretación. Siempre que intento alguna clasificación en asuntos de arte me siento en riesgo de iniciar listados infinitos que acaban excluyendo mil posibilidades. Más bien intenta ser una propuesta de recomendaciones sencillas para poder tener un acercamiento más enriquecedor cuando estemos frente a algo que se nos propone como obra de arte. Así, sin apelar a la mera credulidad de un espectador ingenuo, podremos evitar la tentación de descalificar de antemano todo lo que decepcione nuestra expectativa inicial.

Si la obra no se acomoda a nuestra sensibilidad, podemos intentar acomodar nuestra sensibilidad a ella y así no perdernos lo que cada obra puede ofrecer.



martes, 2 de febrero de 2016

Elementos de la forma en las artes plásticas


Acá les dejaré estos documentales sobre los elementos de las artes. Les dejo acá el primero y a partir de éste pueden localizar los seis restantes en Youtube. Me parecen muy claros y tienen ejemplos magníficos. Consideran 7 elementos básicos: línea, figura, color, textura, forma, valor y espacio. Recordemos que en esto de los elementos de la forma, las clasificaciones son siempre un poco caprichosas. Nosotros hemos revisado esto muchas veces en diferentes modos y bajo concepciones diversas, pero me parece que este modo de entender los elementos básicos tiene mucho sentido. Estos videos didácticos tienen un pequeño problema y es que no están en español, ni con subtítulos. Sólo tienen subtítulos en inglés que tienen que activar en youtube (ya saben, en la parte inferior de la barra donde dice "cc"). Pero es una buena oportunidad de practicar su inglés y además los ejemplos visuales son tan contundentes que incluso como mero catálogo de ejemplos visuales es valioso. No obstante, les recomiendo hacer un esfuerzo para comprender el texto que es también muy provechoso.




martes, 26 de enero de 2016

El arte y el conocimiento 2

El arte y el conocimiento 2


Espero no resultar demasiado reiterativo, pues ya antes he escrito un pequeño texto que resume mucho de lo que acá intentaré decir de nuevo. Así, este texto cumpliría tan sólo la función de revisar una vez más el mismo tema, tratando de abordarlo desde ángulos distintos. Esto resulta para mí importante dado que el tema, tal como aparece en el programa institucional del curso, me hace entrar en conflicto cada vez que lo abordo en clase y debo decir que, entre todos los objetivos planteados por el programa, es éste con el que mayor indecisión he sentido en cuanto a la manera en que debería abordarse.

   Y es que tengo cierta reserva a admitir el objetivo tal como está planteado en los referentes institucionales, porque no alcanzo a ver con claridad lo que realmente se quiere decir. El objetivo señala que el estudiante "valorará las manifestaciones de las Artes Plásticas a fin de identificar su utilidad como medio de conocimiento". ¿qué significa en realidad esto?

   He tratado de ver lo más provechoso del planteamiento tal como está y creo haberlo encontrado en su utilidad como elemento de contraste para emprender una reflexión que nos ayude a ir más allá del corto alcance que parecería señalar a primera vista. En el fondo, me parece que además de que el tema puede estar apareciendo de manera transversal en todas las actividades, bien vale la pena darse algún momento para discutirlo abiertamente, más por lo que abre a discusión que por las conclusiones a las que podamos llegar, que siempre serán provisionales.

   Sé que no parece haber problema en el planteamiento tal como está, y quizá sea yo el que injustificadamente lo juzga mal, pero el que aparezca ahí el arte como un "medio" para el conocimiento, lo coloca como si su sentido quedara solamente en tal mediación con respecto a otra cosa o a otra forma de saber "más importante", como si no hubiera suficiente razón en el arte por sí mismo, como para justificar su papel obligatorio en la educación del bachillerato. Algo que está claro es que la presencia del arte en la educación está siempre amenazada por un escepticismo cientificista, voluntario o involuntario, que le regatea, y a veces consigue reducirle, el campo de acción.

 Para ir en orden, explicaré primero la forma en que puede abordarse el asunto, admitiendo su papel de mediación, pero sólo para poder, en seguida, mostrar cómo, en mi opinión, esta forma de resolverse parece dejarnos lejos de la verdadera función del arte y de su relación más íntima con el saber. 

   Entonces diría, en primer lugar, que una manera sencilla de argumentar sobre la utilidad del arte, como medio para el conocimiento, estaría en ser un auxiliar, a través de la fuerza de la imagen, de los textos que muestran su propia explicación reforzándola con imágenes. Así, sumando a su elocuencia la fuerza de la imagen, lo clarificarían, lo explicarían mejor "con dibujos". Esta sería una tarea del arte como ilustración del texto. Cierta, y hay casos admirables pero no me resulta suficiente. Porque cuando las ilustraciones son magníficas, su poder artístico ya no radica en el texto sino en ellas mismas.


Axolotl, José María Velasco



   También podría mostrarse cómo una obra nos informa sobre los hechos pasados mostrando datos sobre las costumbres, las formas de vestir, de conducirse, en general de vivir y de relacionarse con el mundo. En fin, a través de examinar las múltiples circunstancias de su producción: contexto cultural que lo produjo, intencionalidad de los artistas y espectadores, formas de interpretación y uso, formas de exhibición y distribución, y todos los datos que arroja como objeto. Pero ante esta explicación, debemos decir que esto mismo puede hacerse con cualquier otra cosa producida por una cultura, pertenezca o no a esa indefinida esfera que llamamos del arte. No descalifico este potencial, al contrario, lo tomo en cuenta como algo muy importante y útil, sobre todo pensando que el arte no es sólo la respuesta a necesidades materiales de una sociedad, sino que actúa desde un interés, digámoslo así, espiritual. Pero aún así, me parece que podemos ir más allá en busca de la especificidad del arte tal como lo entendemos hoy.

Pieter Brueghel, El triunfo de la muerte, 1562


   Otro argumento para explicar la relación del arte con el conocimiento sería aquel que identifica el arte con la expresión de las emociones y que ubicaría ahí su función principal al informarnos sobre el mundo subjetivo de las personas. Aunque este acercamiento es más afortunado, y es además una explicación muy popular, tampoco creo que deba ser nuestro único punto de llegada. Y es que hay muchos modos de interpretar esto. No quisiera dar espacio a una aceptación perezosa que banalice el papel del arte como una simple alternativa de comunicación para socializar nuestros sentimientos. Además en esta definición no se especifica qué tipo de expresión sería ésta y cuál su diferencia de otras expresiones no artísticas. Agreguemos que no todas las obras artísticas van dirigidas a la emotividad y aún en las que lo hacen, a esta intención les acompañan muchas otras posibles. Aclaro, me gusta la idea de lo emotivo que cobra vida en el arte, la escultura de Barlach, acá abajo, lo hace y todas las obras del expresionismo lo demuestran, que puede tener un poder catártico e incluso terapéutico, pero creo que valdría la pena precisar todavía un poco más para no cambiar el saber por el sólo decir y su gran poder de comunión por uno más modesto, de comunicación. Pensemos, por ejemplo, en Sol LeWitt, cuyo arte es difícilmente calificable como emotivo, pero es maravilloso por otras razones, ¿cuáles? Para empezar, su poder de evocar la creación misma.





Ernst Barlach, El vengador, 1914


Sol LeWitt, Incomplete open cubes, 1974


   Y así, aunque los tres planteamientos puedan ser verdaderos y aunque las imágenes que acompañan al texto lo atestigüen, no alcanzan a dejarme satisfecho porque parecen limitar al arte como una "herramienta" del conocimiento y porque dejan al arte como un ámbito secundario que puede, acaso, funcionar como auxiliar de fines que aparecen, ellos sí, como de importancia mayor, entiéndase el "Conocimiento" identificado con una visión exclusivamente científica del saber.

   Pero entonces ¿cuál es o dónde está esa relación que he anunciado como más importante? Aunque la explicación tendría que ser un poco más larga, intentaré decirlo en unas pocas líneas, que, obviamente requerirían después un desarrollo y una explicación más cautelosa y que, obviamente son por ahora nada más que mi opinión, pero al menos, una opinión que considero fundamentada.

   A grandes rasgos diría que, distinto del saber científico o filosófico, el arte es una esfera de saber que, mediante su actividad, abre formas inéditas de relacionarnos con el mundo, en tanto que, mediante los dispositivos que llamamos "obras de arte", en su gran diversidad, señala estas formas nuevas, las inventa o las construye. 

   A esto agregaría que las obras de arte son siempre, además de lo que puedan ser en su infinita multiplicidad, una evocación de la potencia creadora y, por tanto, libre, del ser humano.

   Así, su contribución al conocimiento no es marginal, sino central porque el arte sería ese ámbito donde, ligado o no a otras formas de la actividad humana, se realiza la más importante de las capacidades de los seres humanos, que es su potencialidad creativa. Eso que nos permite ir más allá de la resolución de las necesidades primarias y que, así, nos identifica como seres libres.

   Aunque el arte puede servir para muchas cosas, desde adornar las paredes, hasta hacer negocios, la parte importante del arte está lejos de estas funciones. Tengo la convicción de que el arte es el espacio donde se está reafirmando de manera permanente el carácter libre del ser humano. Por eso me atrevería a decir que es una de las más altas esferas del humanismo. Pues, al mismo tiempo, exige poner a prueba la libertad, la capacidad de inventar nuevas rutas, de analizar lo hecho para ser potenciado en lo que pueda hacerse aún mejor. Es el mundo, en expansión, de lo posible y, con eso, es la reiteración de que nuestra interpretación, vinculación y acceso al mundo es siempre y sólo una posibilidad que no niega otras.

   Este mundo en expansión tiene como motor principal una cierta insatisfacción con lo ya hecho, una suerte de asombro que nos empuja a poner a prueba si somos capaces de hacer algo más, de decir mejor, de volver a mirar, de cambiar de ángulo y de estrategia. El arte es así, una mirada colocada sobre el mundo, mediada por nuestro asombro y convertida en impulso para la actividad, siempre una actividad constructora, transformadora. ¿Otras formas de saber también? Quizá, pero el arte no aparece como subordinado a una acción utilitaria, lo cual en ocasiones es cuestionado por las personas más prágmáticas. Yo creo que esto, lejos de ser un defecto es su principal virtud porque al no estar obligado a la resolución de necesidades, puede tener la mayor libertad posible y se abre al espacio de la libertad lúdicamente, simplemente porque le es posible.

   Este asombro que mueve a los artistas también puede estar presente en una mirada hacia nosotros mismos. Toda forma artística es, en cierto modo, una declaración asombrada de la propia energía, de la propia habilidad para la transformación. Es por eso que los objetos, las acciones y los procesos artísticos deberían ser valorados, porque son testimonio simbólico de lo que en lo profundo somos, de lo que vamos siendo y de lo que podemos ser.

Hasta aquí mi intento de una definición.


Algunas notas necesarias


En mi prisa por describir este vínculo que estamos buscando, he descuidado algunas premisas de las que debí partir. Las dejo acá como notas, por lo pronto. En algún momento agregaré algunas más que den mayor precisión al tema. Pero creo que con esto que se ha dicho tenemos material suficiente para empezar a discutir. Dejo acá las notas enumeradas.



1. No hay una sola definición del arte, sino muchas. En tanto que producto cultural, hay que aclarar que la palabra arte describe al menos:

- Un conjunto de prácticas
- Un conjunto de objetos
- Un conjunto de intencionalidades

 
2. La relación que tenga el arte con el conocimiento tendrá que adoptar cierta concepción del arte y cierta concepción del conocimiento. Las variaciones en la asunción de estas nociones repercutirán en las diversas posturas que es posible tomar. Yo prefiero considerar el arte como un conjunto de prácticas de las que las obras de arte son consecuencia y testimonio. Y prefiero entender el conocimiento como "saber", es decir, como el gran conjunto de experiencias conscientes (y a veces incluso no totalmente conscientes) de los seres humanos frente al mundo.

3. Así, voy a permitirme emplear la palabra "saber" para no adjudicarle caprichosamente un nuevo significado a la palabra "conocimiento" (dadas las definiciones de los estudios epistemológicos que exigen al conocimiento ciertos rasgos esenciales: ser una creencia, ser verdadera y estar justificada). Lo hago con la confianza de que así es como mejor mostraremos lo que el arte aporta a los seres humanos. Y en ese sentido, sí creo que el arte enriquece estas posibilidades y fomenta el saber.

4. Desde la antigüedad, el arte se ha considerado un saber técnico. De hecho, la palabra arte, que para los griegos era tekné, distingue precisamente el saber de orden teórico del saber técnico. Desde ese punto de vista, el saber del arte sería del orden del saber hacer. Pero esta distinción no es aplicable a lo que el día de hoy consideramos arte, pues el concepto moderno de arte se ha ampliado en su semántica y se ha restringido en cuanto a lo que como saber técnico abarcaba antes.

En pocas palabras, el día de hoy podemos contar con una serie de saberes técnicos que no identificamos ya en la palabra arte. Y, en contraste, existen múltiples formas de actividad que no se reducen a lo técnico a las que, de hecho, sí llamamos arte.

Así, veríamos que la noción moderna del arte no se restringe al saber técnico como describía la concepción antigua de éste. Es en esa concepción moderna donde debe caber esa formulación del arte como forma de saber.

5. Si consideramos que no sólo existe el saber en su sentido científico o informativo, sino que existen otros modos de saber (en tanto que consciencia ampliada de nuestras experiencias), entonces podremos distinguir el saber artístico como fin en sí mismo y también otras funciones posibles, que no necesariamente están subordinadas al saber informativo o científico.
 

martes, 5 de enero de 2016

Trabajos de estudiantes 2015-16 A

Acá algunos de los trabajos realizados por los estudiantes en este semestre.


Dibujo

Lo primero que compartiré acá son estos ejercicios de dibujo, que corresponden a la primera actividad del curso, y que, a mi gusto, son muy interesantes por los logros iniciales que pude observar, sobre todo en los estudiantes que tenían la sensación de no poder dibujar en absoluto. Son trabajos realizados a partir de imágenes proyectadas. Con un curso corto y un programa exigente que nos permite una dedicación apenas de unas semanas para el dibujo, quise intentar una ilustración de las recomendaciones generales del dibujo de tipo Betty Edwards, con especial atención en habilidades de observación, pero en versión ultra veloz. Hemos explorado la posibilidad de emplear el proyector para hacernos de modelos que podamos ver en el salón de clases. Hemos experimentado con dos tipos de imágenes. A la primera, hemos aplicado un filtro de desenfoque, dejando inicialmente a la vista sólo una macha borrosa y gradualmente hemos ido enfocando la imagen y los estudiantes han venido detallando sobre la marcha. Los resultados han sido muy buenos para quienes no habían dibujado antes pues les permite dibujar desde un parámetro estrictamente visual antes que desde una intención simbólica. Los momentos intermedios del proceso van mostrando un dibujo de mancha que suele ser muy interesante (lamento no haber registrado fotográficamente ese paso intermedio salvo en un caso) y poco a poco el dibujo va tomando detalles, y también, va mostrando gradualmente el distinto modo de dibujar y mirar de cada uno. El segundo fue realizado a partir de imágenes en alto contraste, con una finalidad similar, pero ahora proponiendo un dibujo concentrado en las relaciones de figura, proporción y relación de fondo y figura. Los resultados son buenos, pero también considero importante el modo como el ejercicio hace explícitos estos procesos a lo largo del trabajo, y que ahí se muestran tanto los productos de la observación en una interpretación que busca ser estrictamente retiniana, como la interpretación simbólica de las imágenes, generlmente involuntaria, que al final produce los diferentes estilos que adopta cada persona para dibujar.




































































Escultura


El segundo conjunto de ejercicios lo hicimos sobre escultura. Como habíamos estado trabajando alrededor del retrato, decidimos hacer bustos y ponernos a prueba con los rostros. Nuevamente el resultado ha superado mis expectativas. Acá algunas imágenes.



















domingo, 3 de enero de 2016

Arte moderno y posmoderno

He incluido estos videos que he encontrado en Youtube porque me parecen una explicación muy clara de la distinción entre arte moderno y arte posmoderno, tema central en nuestro curso.

En el ámbito de la historia de la cultura y del arte, siempre han existido controversias acerca de las categorías que permitan identificar regularidades o rupturas en las prácticas culturales o artísticas que les hagan corresponder a un rasgo esencial de época o que muestren evidencia de desviaciones que impliquen un cambio generalizado de sensibilidad en algún campo específico. 

En muchas de las entradas de este blog he adoptado la distinción entre arte moderno y arte contemporáneo, pues son términos de uso convencional en México. El primero, el Arte Moderno, entendido como el tipo de intención en las prácticas artísticas que, en la plástica, tiene su inicio en Europa, todavía en el siglo XIX con los impresionistas, y se desarrolla a lo largo de toda la primera mitad del siglo XX en las distintas agrupaciones de artistas de vanguardia (expresionismo, cubismo, futurismo, surrealismo, etc.). Y el Arte Contemporáneo, como aquel que se inicia con un cambio de intenciones y estrategias expresivas ocurridas después de la segunda guerra mundial, sobre todo en la década de 1960, pero que ya se ve anunciada desde los 50. 

Otra manera de entender esta distinción es la que identifica el arte contemporáneo con el giro cultural llamado posmodernidad. De manera que la distinción puede plantearse entre el arte moderno y el arte posmoderno. 

Esta última es la vía elegida por Darin McNabb (profesor de filosofía en la Universidad Veracruzana), cuyo proyecto de difusión llamado La Fonda Filosófica puede consultarse libremente en Youtube o en su página http://www.lafondafilosofica.com, donde pueden encontrar más material sobre temas filosóficos. Verán que incluye explicaciones muy accesibles sobre asuntos complejos. Con respecto a lo moderno y lo posmoderno en el arte, no explico más. Les dejo con estos dos videos que lo explican muy bien.